jueves, 14 de mayo de 2009

La Esperanza

Me siento como un juez de la etica humana. Sin saber diferenciar el bien del mal, por tanto, desconozco los extremos de la etica y no reconozco a la moral. La historia de la humanidad –prescindiendo de juicios sobre la evolucion del hombre y del reconocimiento de sus derechos- demuestra que existe en ellos una pulsion constante por hacer el bien propio y egoísta, y en forma secundaria y a veces prescindente de la conducta llevada a cabo, poder hacer el bien a otro. Me resisto a pensar y por lo tanto a creer, que las instituciones existan, pero debo aceptar que nos rigen. Los ejemplos que analizo a veces no me dan la razon, pero hay algo dentro mio que me aleja de los buenos y rectos pensamientos. Porque tengo (debo) tener fe en las instituciones?.¿Que teoria secular me indica lo que debo hacer como critico y no como protagonistapara aceptar tal aserto?Tener fe en las instituciones.La fe es la esperanza. La esperanza es un mal. Es una forma de presentar al hombre la zanahoria al burro.Me muevo en ambientes de pura ambigüedad e hipocresía. No puedo tener esperanza en los cambios porque no creo en los cambios estructurales de la sociedad que prescindan de hombres providenciales, y como no existen hombres providenciales, llamados “heroes” o “proceres” parto de una desconfianza ciega de los sujetos sobre los cuales debo opinar. La familia es un sujeto de estudio como lo es el hombre, la naturaleza humana indicaria cierto tipo de gregariedad ¿existe esa palabra? Que nos lleva indefectiblemente a juntarnos, a ponernos una camiseta, a convivir bajo un mismo techo y ayudarnos, todo el tiempo, con los altibajos propios de los estados de animo.El hombre necesita rectores asi como los arbustos que pueden llegar a ser arboles, Pero el roble no necesita rectores para crecer erguido. Tendría que reconocer cierta tendencia a demostrar, basándonos en la naturaleza de las cosas. Pero no puedo prescindir del hombre cuando analizo la historia y la historia de las instituciones. Un proceso judicial humano genero la condena a muerte de un ser despreciable. Otro proceso idéntico quizas mato a un inocente. La culpa de la falta de esperanza no la tienen los hombres que son despreciables, sino los hombres puros. La inocencia mas prístina la tienen los niños, pero ellos tambien llevan el egoismo en estado puro a la máxima expresión. La solidaridad es un concepto aprehendido. La esperanza es un concepto aprehendido y por lo tanto, como todo lo aprehendido puede ser olvidado o simplemente puede dejarse de lado luego de un análisis de conveniencia. La solidaridad es egoismo puro. Creer en la trascendencia del hombre y de las instituciones que genera y alimenta, incluyo que destruye, es una esperanza vana. Solo veo construcciones teoricas que son aceptadas y combatidas, no veo ideologías, porque no veo ideas mas alla de la simple idea de vivir, porque morir genera desconfianza, porque nunca sabremos que hay mas alla o si hay un “mas alla”.-Si la idea de la esperanza es propia del hombre –es inaceptable que otro animal tenga esperanza- es una idea falsa. Las falsas ideas han llevado a la humanidad a lo que es hoy que es lo mismo a lo que fue y a lo que sera. Angustia y desesperación. La primera nace de la impotencia y esta ausente en los que no sienten porque la ciencia o la religión les han dado la respuesta. La desesperación es la constante. Gracias a ella la vida del hombre ha tenido pequeños aciertos, cuando las inquietudes por probar otros metodos y otras practicas han llevado algunos años de tranquilidad a los pueblos. Enseñar a tener fe es malo, porque parte del engaño de que pueda ser transmitida la razon, que es una en cada uno y nunca forma la razonabilidad. Para que existan criterios de razonabilidad es necesario que haya moral. El premio y el castigo son inherentes a estos conceptos, sin embargo, quienes transmiten la fe son egoístas, pues basan su dogmatica en “elegidos” y “elecciones”. La parábola de los dos caminos, de las dos puertas, es una forma hipócrita de señalizar la ruta de las acciones humanas. Solo no hacemos lo que nos provoca un mal grave e inminente, porque la conclusión es directa e inmediata. Si pongo mis manos en el fuego me voy a quemar, y por lo tanto, voy a sentir dolor y las secuelas del dolor van a ser terribles huellas que me van a recordar ese dolor. Si existiera alguna oportunidad de poner las manos en el fuego y no herirme lo haria, sin hesitar. Porque en el futuro no existirían huellas que me recuerden mi torpeza. Seria un mal ejemplo si quisiera vencer a la conciencia, porque podria demostrar que no existe la conciencia. Varias veces me pregunto porque no mataria o porque mataria, o robaria. La primera sensación que tengo es asco y repulsión por el acto de matar, igualmente siento una extraña pero sincera repulsa hacia apropiarse de lo que es ajeno. Se que la humanidad es un largo corredor de hechos que lo unico que demostro es que siempre existe un hombre o un grupo de hombres que pretende apropiarse de lo que es de otro o de lo que es de todos. Las instituciones se forman para otorgarles un status quo a los mas grandes latrocinios. La propiedad privada es un ejemplo, el matrimonio es otro. Bajo la sospecha de que debe existir un cierto orden nos vamos manejando en la vida, sin mucha convicción, pero con algunas certezas, solo el desamor a veces genera el descontrol. La desgracia genera descontrol y es a partir de alli que empezamos a dudar y la duda nos va matando de a poco. La angustia crece, la desesperación nos inmoviliza. Algunos se entregan a la fe y la sinceridad y la honestidad de su entrega me conmueve. Pero otros desesperan con odio y rencor por haber creido. Tener esperanza y creer es casi lo mismo. No puedo justificar al que dice que cree solo en el hombre porque solo es comparable a quien dice que cree en Dios, y ambos, son solo desesperación y angustia. Pero no direccionada, loca, arrebatada, sin rumbo. Si la institución se creo para protegerme de los otros tendría un sentido, pero lo peor es que la institución se creo para proteger a los otros de mi, o para protegernos de nosotros mismos.

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